El día después de la audiencia no trajo alivio.
Trajo consecuencias.
El teléfono no dejó de sonar desde antes del amanecer. Mensajes de abogados, correos de inversionistas, solicitudes de entrevistas que prometían “limpiar” mi imagen a cambio de un titular conveniente. Todo parecía moverse demasiado rápido, como si el mundo hubiera decidido acelerar justo cuando yo necesitaba respirar.
Me quedé sentada en la cama, observando la luz filtrarse entre las cortinas. Alejandro aún dormía, con el ceño