No tomé la decisión de inmediato.
La decisión me tomó a mí.
Llegó en una madrugada silenciosa, cuando Bogotá dormía y solo el murmullo lejano de los carros me recordaba que el mundo seguía girando aunque yo estuviera detenida en mis pensamientos. Estaba sentada en el escritorio del estudio, rodeada de bocetos, contratos viejos y fotografías que contaban una historia fragmentada: mi historia.
Tenía frente a mí una carpeta azul.
Dentro estaba el contrato que Verona había mencionado.
Lo había pedi