Nunca imaginé que defender mi nombre doliera más que renunciar a él.
El taller, que siempre había sido mi refugio, ahora parecía demasiado pequeño para contener todas las miradas, todas las dudas, todas las preguntas que yo misma me hacía cuando nadie me veía.
Demandar a Gabriel Verona había sido una decisión correcta.
Valiente.
Necesaria.
Pero también había abierto la puerta a una tormenta en forma de luces, micrófonos y opiniones que jamás pedí.
Apenas amaneció, Lucía entró al taller con el r