El amanecer llegó con un cielo gris, cargado de nubes que parecían arrastrar el peso de mis pensamientos.
Dormí poco. Alejandro tampoco descansó demasiado, aunque intentó fingirlo.
Lo conocía lo suficiente para saber cuándo algo lo consumía por dentro.
—Hoy será un día largo —murmuró mientras se ajustaba el reloj.
—Lo sé —respondí, poniéndome mis zapatos lentamente—.
Pero ya no quiero seguir huyendo.
Quiero que esto termine.
Él sonrió, apenas.
—Y terminará. Pero a nuestra manera, Isa, no a la s