El día siguiente amaneció extraño: demasiado silencioso, demasiado gris.
Ni una sola notificación, ni una llamada, ni un mensaje de prensa.
Sabíamos que Verona estaba preparando algo.
La calma de un depredador antes de saltar.
Alejandro llegó temprano al taller.
Tenía el rostro tenso, la camisa apenas sin abrochar del todo, y esa mirada que solo le aparece cuando sospecha que algo está por quebrarse.
—Isa —dijo al verme—, necesito que te prepares.
Hoy no va a ser un día normal.
—Ninguno lo ha s