Los días siguientes se sintieron como una cuerda tirante a punto de romperse.
Los medios seguían hablando.
Los inversionistas dudaban.
Y aunque Alejandro mantenía el taller funcionando con una determinación admirable, había algo en su mirada que delataba preocupación.
Mi madre se refugiaba en el trabajo, cosiendo con una dulzura tensa, como si cada puntada fuera una disculpa hacia un pasado que regresaba con uñas afiladas.
Y yo… yo esperaba.
Esperaba el golpe siguiente.
La sombra que acechaba d