Mundo de ficçãoIniciar sessãoKeith Anderson, una mujer que ha sufrido mucho en la vida. Se había negado el amor, pero, no contaba con que éste, llegaría de formas inesperadas. Se enamoraría de dos hombres. Michael su mejor amigo, y John, su arrogante jefe. ¿Con quién se quedará?
Ler maisKeith.Sin darme cuenta la noche había llegado.Y ya tenía unas cuántas horas con John...¿Cómo logró convencerme para pasar toda la tarde con él?No sé...A veces ni yo misma me entiendo.La música retumbó, las personas gritaban, las luces de la bola disco lograban marearme.De pronto sentí un empujón.Era John quien descaradamente me pegó a su cuerpo para bailar una música algo escandalosa.―¿Qué haces? ―Le grité con el ceño fruncido.―¿Cómo que qué hago? ¿Qué no es obvio? Te invito a bailar. ―Me respondió, obvio.Él comenzó a mover su cuerpo al ritmo de la estruendosa música, se había quitado el blazer azul que tenía puesto.«Quién sabe dónde fué a parar», pensé.Se veía atractivo.«No, ni tanto», me reprochó mi mente.«Uh, uh, yeah, come onPlease me, babyTurn around and just tease me, babyYou got what I want and what I need, baby,(Let me hear you say) please(Let me hear you say) pleasePlease me, babyTurn around and just tease me, baby,You got what I want and what I need, b
Keith.Reíamos.Por fin podía decir que John Stevens no era el típico jefe que quería engatusarme.O al menos, no por los momentos.Estaba siendo respetuoso y nada arrogante.Conversaba de sus libros favoritos, y compartíamos miradas cómplices al sentir el 'Shh' de la bibliotecaria par aquel dejáramos de carcajear en voz alta.Entretanto, John me contó sobre sus libros favoritos.Entre ellos el “gato negro”, de Edgar Allan Poe.Y yo le mencioné lo fascinada que quedé cuando terminé Orgullo y prejuicio, (pero el libro, no la película)―Increíble. ―Soltó son poder tragarse el cuento.―A ver, ¿Qué te parece tan increíble? ―Alcé una ceja, recosté mi torso en el espaldar de la silla, cruzando mis piernas y mis brazos sobre mi pecho.Él puso su mano en el mentón; pensativo.―No he conocido a ninguna mujer que haya preferido el libro y no la película.―Pues soy la excepción. ―Pronuncié con confianza―. Considero que el libro es mejor, ¿Por qué? Ni yo misma me comprendo; solo sé que me gustan m
John.20 de Junio.Ya habían pasado un par de días desde que Keith accedió salir conmigo.Eso me contentaba muchísimo.En el transcurso de esos dos días, me comporté cómo todo un caballero con ella.Nada de insinuarme con ella.Keith era una mujer complicada, así que cualquier cosa, cualquier error; estropearía todo.―¡Buenos días, Keith! ―La saludé con cordialidad, viendo lo hermoso aquel se ponía cada día.―¡Buenos días! ―Enunció ella con afabilidad.Me sonrió con dulzura, y continuó tecleando en la computadora mientras tanto.Ella vestía una camisa blanca que combinó con una falda un tanto corta que dejaba ver esas piernas tan sensuales de las que era poseedora; sus tacones rojos le daban el toque mágico, sexy...Atractivo...Se veía jodidamente, atractiva.Usaba unos aretes en forma de aro, mu finos, sus labios estaban pintado de color vinotinto.«Dios... Pero que atrevida vino esa mujer hoy», pensé comenzando a sentir un cosquilleo en mi entrepierna.Sus cabellos marrón oscuro es
Michael.9:12 p.mUna vez que dejé a Keith en sus casa, me dispuse a regresar a mi departamento, pero; si muchas ganas de ir.¿Por qué?Por el simple hecho de que quería permanecer a su lado.Quería estar allí, con ella.Para cuidarla.Protegerla...Quería estar para ella.Toda la tarde se portó increíble, me escuchó atenta, y comprendió la situación que viví con Emma y mis hijas, el duro momento por el que pasaba Emma y del apoyo que le brindé siempre.Keith solo me escuchó y me ofreció su apoyo.Siempre.Así era Keith: Con una corazón gigantesco.Con un alma tan dulce.Ella sonreía y su rostro se iluminaba, dándole ese aire de pureza y de dicha que podía contagiar.Entré a mi solitario departamento, y con gran agilidad me recosté sobre el cómodo y amplio sofá que se hallaba en la sala, cerca del gran televisor pantalla plana.Era mi lugar favorito para ver películas.―¿Aló? ―Enuncié al llamar a Emma.―¡Michael! ―Su grito me hizo arrugar la cejas.«¿Podrías no gritar tan fuerte?», pe
Último capítulo