Me levanté de la cama sintiendo mis ojos pesados, y bostezando.
Eran las 9:30 P.M, no me molesté en levantarme temprano para ir y buscar trabajo. Ya era sábado.
Sentí el teléfono de la casa sonar, por lo que bajé las escaleras para llegar a la sala.
― ¿Hola?― Contesté, aún con sueño...
Me recosté en el cómodo sofá de la sala, acomodando mi cabello castaño oscuro, hacía los lados de mi cara.
―Hola Keith... ¿Cómo estás?,―Preguntó Michael, en un tono suave,― Quería decirte que surgió un imprevisto