Keith.
Reíamos.
Por fin podía decir que John Stevens no era el típico jefe que quería engatusarme.
O al menos, no por los momentos.
Estaba siendo respetuoso y nada arrogante.
Conversaba de sus libros favoritos, y compartíamos miradas cómplices al sentir el 'Shh' de la bibliotecaria par aquel dejáramos de carcajear en voz alta.
Entretanto, John me contó sobre sus libros favoritos.
Entre ellos el “gato negro”, de Edgar Allan Poe.
Y yo le mencioné lo fascinada que quedé cuando terminé Orgullo y pre