Keith.
Sin darme cuenta la noche había llegado.
Y ya tenía unas cuántas horas con John...
¿Cómo logró convencerme para pasar toda la tarde con él?
No sé...
A veces ni yo misma me entiendo.
La música retumbó, las personas gritaban, las luces de la bola disco lograban marearme.
De pronto sentí un empujón.
Era John quien descaradamente me pegó a su cuerpo para bailar una música algo escandalosa.
―¿Qué haces? ―Le grité con el ceño fruncido.
―¿Cómo que qué hago? ¿Qué no es obvio? Te invito a bailar.