Terminé la llamada sin dejarla hablar más y el silencio volvió al departamento, pero ya no me sentía derrotada; mientras tanto, Camila y Mateo seguían celebrando tranquilos, creyendo que yo pagaría todo, sin imaginar lo que estaba por pasar.
Aun así, la culpa volvió a invadirme.
¿Qué novia dejaba la organización completa de su boda en manos de otra persona?
—La culpa también es mía —murmuré mientras miraba por la ventana—. ¿Cómo pude ser tan estúpida?
Yo dejé que Camila decidiera todo y, aunque