12. ¡No vuelvas a ponerme una mano encima!
Cristo se quedó Lívido por un segundo antes de reaccionar a la voz preocupada de Galilea; en seguida, salió del despacho en apenas tres zancadas y allí la encontró, sus ojos estaban desorbitados, el rostro empapado y… su cuerpo temblaba con una pequeña Salomé laxa entre sus brazos.
— ¿Qué ha pasado? — preguntó tan pronto se la arrebató de los suyos y se hincó de rodillas al suelo.
— N-no… no… lo sé, se ha desmayado en el baño — logró decir, presa del pánico.
— Salomé, cariño, ¿qué tienes? — rog