65. Acepto… casémonos mañana
— Cristo… — musitó en un suspiro y lo miró con ojos brillantes, dulzones — si por mí fuera me casaría ahora mismo contigo, pero una boda, aunque sea muy pequeña, necesita prepararme con al menos un poco de tiempo.
El brasileño tomó sus manos entre las suyas y depositó dos tiernos besos sobre el dorso de cada una, también mirándola con fijeza.
— Lo sé, pero no veo la hora en que te conviertas en mi esposa — confesó, y es que pese a la repentina necesidad que surgió de protegerla a ella y sus hij