66. Luz y sombra
Cuando Mateo supo la noticia, no pudo ocultar su asombro. Sobre todo porque iba a ser uno de los testigos principales y tenía menos de seis horas para cancelar todos sus pendientes programados y acompañar a sus amigos en el día más felices de sus vidas.
— Galilea es una mujer maravillosa, Cristo, no lo arruines — le aconsejó su amigo del otro lado de la línea telefónica.
El brasileño sonrió y observó a través de la ventana de su despacho con una veintena de personas se movía de un lado a otro p