Epílogo. Las mujeres de su vida
Cristopher observó a su esposa enrollada entre las sábanas, desnuda y saciada. Besó la coronilla de su cabeza, despertándola con caricias que a poco a poco se fueron convirtiendo en cosquillas y risas que la espabilaron en seguida, llenando el silencio de la habitación compartida.
— Vamos, es hora — le dijo. Ella se quejó, aun entre las sábanas, mirando a su hombre con ojos chispeantes — Hoy sabremos el sexo del bebé.
La muchacha asintió, habían estado deseando toda la semana que ese día llegas