Lunes.
Estefanía se presentó en la oficina como de costumbre, puede que con mucho más aceite de sándalo encima. Había llamado a su jefe el mismo día sábado, luego de hablar con Zack, pero tenía el teléfono apagado.
Sentada tras su escritorio, miraba la puerta de la oficina de su jefe, preguntándose si llegaría. A la luz de lo ocurrido, la cena y la charla que habían tenido le parecían absurdas. Absurdos sus besos, absurda su libreta y sus anotaciones. Absurda ella, que había considerado la