Envuelto en el suave calor del sol de mediodía, Johannes leía sentado en la tumbona frente al tranquilo mar Mediterráneo. A su lado, Sheily descansaba boca abajo.
No había ruido ni inquietud; todo fluía al ritmo sereno de las olas. Esa paz era la que tanto necesitaba. Mientras leía sobre un demente que espiaba a su vecina con oscuras intenciones, comprendía qué era lo que le faltaba para sentirse completo.
El sonido de su teléfono lo sacó de su concentración. Era un mensaje de Estefanía.
Este