Sheily soltó un suspiro y aferró el pantalón de Zack para quitárselo ella misma.
—No importa, tengo mis exámenes al día, me los hago cada seis meses y estoy completamente sana.
—¡Pero yo no! —él le apartó las manos—. Nunca me he hecho ningún examen y soy un cerdo promiscuo —lamentó.
Jamás creyó que se arrepentiría de la vida licenciosa y despreocupada que había llevado hasta el momento y de la que se sentía tan orgulloso. Ahora todo era diferente. Respetaba a Sheily y como la posibilidad de