—¿Qué haces aquí, Zack? —preguntó Sheily con molestia al ver que llegaba a esas horas y sin aviso previo.
—Tenemos que hablar y no contestaste mis llamadas ni leíste mis mensajes.
—¿Y no se te ocurrió pensar que eso fue porque no tengo ganas de hablar contigo? Vete —intentó cerrar la puerta, pero él la frenó con sus manos.
—Ahora tú estás mezclando las cosas —reclamó él—. Yo no tengo la culpa de las estupideces que haga tu jefe en el trabajo.
Sheily siguió empujando la puerta, pero Zack era m