Sheily le ordenó a Johannes que se sentara en el sillón en cuanto llegó. Él dejó su maletín junto a la entrada y colgó su chaqueta en el perchero antes de obedecer.
—Quítate la camisa —ordenó luego ella y lo observó proceder con lentitud ritual. Caminó alrededor de él, envolviéndolo con su presencia y el aroma de su perfume, que Johannes había tenido la delicadeza de reponerle.
Le dio unas buenas miradas al atlético torso, al vientre plano que antes había sido una panza y avanzó hacia él enfun