Sheily suspiró, pensando en todo lo que estaba pasando desde que el secreto supremo saliera a la luz. No sólo había vuelto a la vida un niño que llevaba más de diez años muerto, ese niño al que ella torturaba resultó ser el amo que mejor la había sometido en toda su vida.
Peor todavía, ella se había acostado con el perro Bobby. ¿Qué diablos le diría Cathy si se enterara?
¿Qué pensarían todos de la diosa Sheily si supieran que el cerdo Alan se la había follado como había querido y que ella h