Presa de una incredulidad que le cortaba el aliento, Sheily no terminaba de creer que Zack hubiera venido por ella.
—Sheily, ¿qué esperas?
Ella reaccionó por fin y corrió por el muelle. Zack le tendió la mano, ayudándola a subir al yate. La atrajo hacia sí y sus labios se encontraron después de tanto tiempo, en un beso que avivaba las llamas que nunca se extinguieron.
Convencida de que él la había perdonado, le aferró la cabeza y recorrió su boca para confirmar que todo seguía siendo justo