Capítulo 47. Momentos de paz
El hidroavión descendió sobre las aguas turquesas del océano Índico como una libélula de metal. Desde la ventanilla, Becca observó cómo los atolones de las Maldivas se dibujaban en el mapa líquido como collares de perlas esparcidos por un gigante. El azul era tan intenso que dolía la vista, un contraste absoluto con el gris acero de los rascacielos de Nueva York que habían dejado atrás hace apenas dieciocho horas.
Connor, sentado a su lado, no miraba el paisaje. La miraba a ella. Observaba có