Capítulo 58. No pierdas el tiempo
Becca abandonó el edificio de la firma Beaumont con la sensación de que sus pulmones apenas procesaban el oxígeno. El aire frío de la tarde neoyorquina le golpeó el rostro, pero no logró espabilarla. Caminó hacia su coche con una rectitud mecánica, ignorando el temblor de sus rodillas y el eco de su propia voz exigiendo el divorcio. Había soltado la bomba, había cortado el último hilo, y sin embargo, el peso en su vientre —ese recordatorio constante de la vida en riesgo— le recordaba que no es