Capítulo 4. Vine con mi esposa
Nueva York nunca dormía, pero esa noche, Becca sentía que la ciudad contenía el aliento solo para ella.En el lujoso penthouse de Connor en la Quinta Avenida, el silencio era casi absoluto, roto solo por el suave murmullo de la calefacción central. Becca se encontraba frente al espejo de cuerpo entero, dándose los últimos toques. El vestido verde esmeralda caía sobre sus curvas con una precisión matemática. No era el mismo vestido de la noche de la humillación, pero era una réplica exacta, mandada a hacer con la seda más fina que el dinero podía comprar. Quería que el impacto visual fuera total; quería que cada persona que la vio llorar y ser arrastrada por el fango hace cuatro meses, tuviera un déjà vu de su propia crueldad, pero con un final distinto.Se ajustó los pendientes de diamantes y se miró a los ojos. Ya no había rastro de la niña que buscaba aprobación. Sus labios, pintados de un rojo profundo, se curvaron en una sonrisa gélida.Salió de la habitación y caminó por el p
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