Capítulo 10. Deuda pendiente
El beso no fue una colisión, fue una invasión. Connor no pedía permiso; reclamaba un territorio que, aunque cedido por contrato, ahora le pertenecía por deseo. Sus labios se movían contra los de Becca con una urgencia hambrienta, una que ella devolvía con una desesperación que no sabía que poseía. En medio de aquel eclipse de sentidos, las manos de Connor descendieron hasta el nudo de la bata de seda roja. Sus dedos, expertos y decididos, tiraron de la cinta hasta que el lazo se deshizo, dejando que la prenda se abriera ligeramente, revelando la geografía de curvas que él había memorizado a través de la ropa durante semanas. Connor no se detuvo. Deslizó su pulgar sobre la piel desnuda de Becca, iniciando un recorrido tortuoso que empezó en su ombligo. El contraste de la yema áspera de su dedo contra la suavidad extrema de ella provocó un escalofrío que la hizo arquearse. El pulgar ascendió lentamente, trazando una línea de fuego que dividía su vientre, subiendo por el esternón hast
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