Capítulo 31. No vuelvas a intervenir
El salón de la residencia Beaumont exhalaba un aire de opulencia estéril. Zoraya permanecía junto a la chimenea, sosteniendo el ejemplar de The Post con dos dedos, como si el papel estuviera contaminado por una enfermedad. El silencio fue interrumpido por el taconeo rítmico de Jazmín, quien entró en la estancia con la barbilla en alto, luciendo un vestido que costaba más que el salario anual de un obrero.
—Te dije que nada de escándalos, Jazmín —soltó Zoraya sin girarse, su voz era un látigo