Capítulo 30. Consejos
La mansión Beaumont se sentía inmensa, un laberinto de mármol y ecos después de que Connor se marchara. Becca se quedó en el balcón hasta que el rugido del motor se perdió en el tráfico de la Quinta Avenida. Tenía el cuerpo entumecido, pero la mente le funcionaba a mil por hora, procesando el veneno de las fotos y la intensidad de la confrontación con su esposo. No tenía ánimos de salir, ni de enfrentarse a las miradas curiosas de los empleados o a la lente de algún paparazzi apostado en la ent