Dos semanas después, en una pequeña bahía oculta cerca de la frontera con Panamá, un velero de madera llamado Mariposa de Hierro zarpaba hacia el este. No había banderas, ni escoltas. Solo una mujer al timón y un hombre observando el horizonte con un rifle descansando en su regazo.
Alessandra Leão ya no vestía de seda ni de equipo táctico. Llevaba una camisa blanca de lino y la mirada de alguien que finalmente ha encontrado la paz en medio de la tormenta. En el cofre de ébano que ahora descan