La lluvia había cesado, dejando tras de sí un aire pesado y cargado de humedad que envolvía la mansión Cavallaro en una bruma espectral. El Mercedes negro blindado se detuvo frente a la escalinata de mármol con un chirrido de neumáticos sobre la grava mojada. Alessandra observó la fachada de la casa donde creció, el lugar que alguna vez fue su refugio y que ahora, tras la muerte de su padre y la traición de Marco, se alzaba como un mausoleo de mentiras.
Dante bajó primero, su mirada escaneando