El regreso a la Quinta do Sangue no fue el triunfo que Alessandra esperaba. Aunque Kenji Yue estaba arruinado y huyendo por las alcantarillas de Londres, un aire gélido soplaba entre las vides de Oporto. La mansión, a medio reconstruir, se alzaba como un esqueleto de piedra bajo la luna plateada del Duero.
Alessandra y Dante bajaron del helicóptero en silencio. El beso en Londres todavía quemaba en sus labios, pero la sombra del "Cuarto Hombre" proyectaba una duda que no los dejaba descansar.