Cartagena no era la misma ciudad que Alessandra había dejado meses atrás. Bajo el control de Madame Yue, la Ciudad Amurallada se sentía como un animal enjaulado, con patrullas de mercenarios asiáticos recorriendo Getsemaní y el puerto de Manga sumido en un silencio sepulcral.
Alessandra y Dante se habían refugiado en un antiguo almacén de sal en las afueras de la zona industrial de Mamonal. El aire allí era pesado, cargado de una humedad que hacía que el sudor se pegara a la piel como una segu