Capitulo 64. El Tirón En El Sedal
La noche después de enviar el paquete fue la más larga de la vida de Isabela. El pequeño hotel anónimo se convirtió en una celda de espera, cada segundo estirándose en una agonía de incertidumbre. El reloj digital junto a la cama era un torturador, sus números rojos marcando el lento paso de su gambito. ¿Había sido demasiado audaz? ¿Demasiado obvia? ¿O, peor aún, había subestimado a su prima, creyéndola arrogante cuando en realidad era simplemente leal a sus amos?
Luciano había establecido una