La luz de la luna llena se filtraba a través de las ramas de los árboles centenarios, bañando el claro del bosque con un resplandor plateado casi sobrenatural. El aire vibraba con una energía antigua, como si la tierra misma contuviera la respiración ante lo que estaba a punto de suceder.
En el centro del claro, El Testigo —un anciano lobo de pelaje blanco y cicatrices que contaban historias de mil lunas— preparaba meticulosamente el ritual. Sus manos arrugadas trazaban símbolos en la tierra co