La luna se alzaba como un ojo pálido y vigilante sobre el territorio Blackthorn. No era una luna cualquiera; era la luna de sangre, la que despertaba los instintos más primitivos, la que hacía hervir la sangre y doblegaba voluntades. Brianna lo sentía en cada célula de su cuerpo mientras corría escaleras arriba, con la respiración entrecortada y el pulso desbocado.
No era normal. Nunca había experimentado algo así. Era como si su piel fuera demasiado pequeña para contener lo que crecía dentro d