El silencio que siguió a la batalla tenía un peso propio. Brianna avanzaba entre cuerpos caídos, algunos aún transformándose de lobo a humano en su último aliento. La tierra bajo sus pies estaba oscurecida por la sangre, formando charcos que reflejaban un cielo gris y sin esperanza.
Pero ella solo podía ver una cosa: el cuerpo inmóvil de Damien.
Lo habían colocado sobre un lecho improvisado de pieles. Su piel, normalmente bronceada, tenía ahora un tono ceniciento. Las heridas que cruzaban su to