C25. Una mujer inmadura.
Giovanni Ferrari
La fotografía en la pantalla del celular de Francesca fue el detonante. Ver nuestra propia intimidad capturada desde las sombras de mis viñedos me hizo entender que la Toscana no era un refugio, sino una ratonera. Esa misma tarde, mientras Francesca intentaba calmar el llanto de Sebastián en el piso de arriba, yo me dediqué a mover los cimientos de Roma desde mi despacho en la finca.
No iba a permitir que esa mujer, Ágata, nos asfixiara más. Llamé a mi equipo legal y les di una