C64. El peso de las verdades.
Giovanni Ferrari
El silencio de la villa a las tres de la mañana era una losa sobre mis hombros. Caminé por el pasillo del tercer piso, evitando las tablas del suelo que crujían. Me detuve frente a la puerta de Sebastián. La culpa, esa vieja conocida, me quemaba las entrañas. Entré sin hacer ruido.
Sebastián estaba en la cama, de espaldas a la puerta, con la sábana subida hasta la barbilla. Su respiración era rítmica, forzada. Sabía que no estaba dormido. Conocía ese truco; yo mismo lo usaba de