C66. La última máscara
Sebastián Ferrari
El hambre era un agujero en mi estómago, pero el odio era más grande. Bajé a la cocina con sigilo, esperando que mi padre siguiera encerrado en su despacho planeando su nueva vida.
Necesitaba algo de comer antes de encerrarme a estudiar. No quería cruzarme con nadie. La villa se sentía más fría que de costumbre, como si las paredes hubieran absorbido todos los problemas que cada miembro de nuestra familia cargaba encima.
Entré en la cocina. La luz de los fluorescentes parpade