C68. La sentencia.
Giovanni Ferrari
Entré a la habitación de Francesca con el informe de Aníbal apretado contra el muslo. El sonido rítmico y metálico de las máquinas dominaba el espacio.
Allí estaba ella. Francesca tenía la piel pálida bajo la luz blanca fluorescente. Sus ojos se abrieron, nublados por la sedación, y buscaron los míos.
—Gio... vanni... —susurró. Sus labios estaban tan secos que parecieron agrietarse al pronunciar mi nombre.
Me acerqué a la cama. El impulso de lanzarle la fotografía de "Perla" so