Capítulo 8. Daños colaterales.
El grito de Liam rebotó en las paredes blindadas del ático, pero Olivia no retrocedió.
El miedo inicial se había transformado en esa frialdad defensiva que usaba como escudo.
—¡Revisa mi teléfono! —le gritó ella, sacando el aparato del bolsillo y lanzándoselo al pecho. Liam lo atrapó por reflejo—. ¡Mira las llamadas! ¡Mira los mensajes! ¡Yo no llamé a nadie!
Liam miró el celular en su mano y luego a ella. Sus ojos grises eran dos tormentas.
—Hay otras formas, Olivia. Un correo programado. Un c