Capítulo 6. El precio de la Reina.
La puerta trasera del auto negro se abrió.
Lidia bajó un pie. El tacón de aguja oscuro golpeó el pavimento de concreto con fuerza. Salió del vehículo.
Llevaba un vestido largo. Tela negra. Ajustado a la cintura. Espalda descubierta. Sin diamantes. Sin collares. Su única arma era su presencia y su postura recta.
Frente a ella, el Hotel Grand Plaza brillaba con luces blancas.
Caminó hacia la entrada principal. Los fotógrafos de la prensa social estaban amontonados detrás de una cuerda de terciope