Capítulo 5. Sin escape.
La carpeta gruesa de cartón golpeó la mesa de caoba.
El ruido seco resonó en la sala de juntas del colegio. Lidia se apoyó en el borde de la madera. Miró el reloj negro en su muñeca izquierda.
Las siete y media de la noche.
La sala estaba vacía. Las luces de los pasillos exteriores ya estaban apagadas. El comité de la subasta estaba conformado por doce padres de familia. Ninguno había llegado.
La puerta doble de madera se abrió de golpe.
Alexander Voss entró a la sala.
No pidió disculpas. Camin