Capítulo 7. Invitado inesperado.
El salón de baile estalló en aplausos.
Lidia y Alexander caminaron entre las mesas redondas. La luz de las enormes lámparas de araña iluminaba los manteles blancos, las copas de cristal y las joyas de las mujeres de la alta sociedad.
Lidia mantuvo la espalda recta. No miró a nadie. Alexander la guiaba con la mano derecha apoyada firme en su espalda baja. No era un roce educado. Era un agarre posesivo. El calor de sus dedos quemaba a través de la seda negra del vestido.
Llegaron a la mesa princi