Capítulo 36. El veneno del buitre.
Los días en la casa Montenegro pasaron lentos, pesados y grises.
No hubo llamadas. Tampoco mensajes.
Para ellas el "teléfono roto" de Lucas seguía roto. Y la "emergencia" de Liam en Suiza parecía eterna.
Olivia miraba el reloj de Liam todas las noches. Lo sacaba de la caja de zapatos donde lo había guardado, sentía el peso y trataba de recordar el calor de la mano de Liam cuando se lo dio.
"Es una garantía".
Pero cada vez que miraba a Claritza, que había dejado de comer y pasaba las tardes mira