La mañana siguiente llegó con una tensión que parecía emanar de las mismas paredes de la mansión. Clara había pasado la noche sin dormir, aterrorizada de cerrar los ojos y encontrarse otra vez en brazos de Victor en ese lugar entre sueño y vigilia donde ya no podía confiar en su propia memoria.
Sophia había despertado temprano, inquieta y pegajosa, como si también ella pudiera sentir que algo terrible se aproximaba. Clara la mantuvo cerca durante el desayuno, usando a la niña como escudo contra