El reloj de péndulo marcaba las siete de la tarde cuando Clara terminó de acomodar los libros en la biblioteca. La mansión Delacroix se preparaba para la cena, y ella debía apresurarse a cambiarse. Había pasado la tarde entera reorganizando los volúmenes de literatura francesa que Lord Adrian había solicitado, perdiendo la noción del tiempo entre páginas amarillentas y el aroma a papel antiguo.
Con pasos apresurados, Clara recorrió el pasillo principal. La luz del atardecer se filtraba por los v