Mundo ficciónIniciar sesiónLa mañana llegó con el sabor de la sal y la quietud particular de los lugares que ignoran el resto del mundo.
Dover tenía esa cualidad. Sus acantilados blancos absorbían el ruido de la vida civilizada y lo devolvían transformado en viento, en el chillido lejano de las gaviotas, en el murmullo constante del canal que separaba Inglaterra de todo lo demás. Clara había aprendido a valorar ese silencio en las semanas transcurridas desde que a







