La luz del amanecer se filtraba por las cortinas del despacho mientras Lord Adrian Delacroix contemplaba el jardín desde la ventana. Sus dedos tamborileaban sobre el escritorio de caoba, marcando un ritmo irregular que delataba su inquietud. Frente a él, un hombre de aspecto discreto y mirada astuta esperaba instrucciones.
—Quiero saber todo sobre ella —dijo Adrian sin apartar la vista del exterior—. De dónde viene, quién es su familia, por qué una mujer con su educación y modales trabaja como i