El pasillo este de la mansión Delacroix permanecía en penumbra durante las tardes de otoño. Clara había descubierto este rincón olvidado mientras buscaba un lugar tranquilo para leer, lejos del bullicio que generaban los preparativos para el baile de invierno. Sus pasos resonaban sobre el suelo de mármol mientras sus dedos rozaban el papel tapiz desgastado por el tiempo.
Fue entonces cuando lo vio.
Un retrato imponente, parcialmente cubierto por una tela de terciopelo que había resbalado, revela