Clara despertó con el peso de un brazo sobre su cintura y el calor de un cuerpo contra su espalda. Por un momento glorioso y confuso, no recordó dónde estaba o qué había pasado. Luego, como una avalancha, regresó todo: las manos de Adrian en su piel, su boca contra la de ella, la forma en que habían ardido juntos hasta consumirse.
Abrió los ojos despacio. La luz del amanecer se filtraba por la ventana, tiñendo todo de un tono dorado y rosado que debería haber sido hermoso pero que solo llenaba s